Detrás de los árboles
En los tres años que vivo en este barrio jamás las había visto. Sabía que estaban ahí, pero no las había notado. Recién hoy, mientras cargaba las bolsas de la compra deseando llegar a casa, hicieron un tímido alarde de su existencia. Fito siempre me dice «no dejes que el árbol te tape el bosque», por mucho tiempo solo vi árboles, jamás vi montañas.
Por qué será que hay tanto que se nos escurre invisible hasta que de repente se nos vuelve imposible de ignorar. Creo que los detrás de escena son tan importantes como las primeras planas y muchas veces lo que está tras bambalinas es lo que sostiene e incluso embellece lo que brilla en el escenario.
Pensé en esas personas que no necesitan ocupar el centro para sostener la belleza del paisaje. Personas que están ahí con esas sonrisas talladas por el esfuerzo y el aprendizaje que dejan las inclemencias. Personas que son montañas altas, fuertes, que permanecen haciendo su trabajo en silencio, cantando alguna canción en voz baja.
Contemplé el paisaje cotidiano en su totalidad armoniosa y pensé en mi mamá. En todos sus detrás de escena para conmigo. Recordé todas sus millas extra cuando yo estudiaba. Cuidaba a Agus, hacía la comida, lavaba la ropa, todo con tal de que yo pudiera recibirme. Permaneció incondicional como una montaña siempre firme ante las modas, ante lo pasajero, ante lo que hoy es y mañana se esfuma.
Ella sostuvo mis horizontes. Mientras yo proyectaba hacia adelante ella me sostenía detrás. Yo obtuve el título de traductora, pero ella tradujo el amor en miles de formas posibles e imposibles.
Hoy miré el cielo, que jugaba a las escondidas detrás de los jacarandás y noté esos gigantes cúmulos de fortaleza. Así como estas hermosas montañas que hoy esperaban las lágrimas del cielo para seguir reverdeciendo, así de indestructible, leal y gigante es mi querida mamá.