Cuando el invierno se haya ido con su grueso tapado de hielo y nieve, volverán las golondrinas a construir sus nidos en las ramas de la primavera. Entonces el sol será el protagonista de todas nuestras obras de teatro y la brisa cálida del verano ocupará la primera fila. La alegría se pondrá de pie para dar su mejor aplauso.
El ruido obstinado decidirá guardar silencio y el silencio despertará de su siesta para cantar nuestra canción preferida. Reinará la calma y esta se reflejará en nuestras sonrisas. Seguirás dándome la mano, como cuando la belleza no es tan evidente y se esconde detrás de las nubes grises.
Las nubes emigrarán y despejarán el cielo para que los pájaros puedan bailar. La tormenta habrá dejado un mar más apaciguado y sabio, y los caminos de tierra estarán asfaltados. El valle conducirá hacia la montaña y de la montaña bajaremos cantando.
Respiraremos al mismo ritmo, como siempre lo hicimos, mientras miramos por la ventanilla en un suspiro aliviado y triunfante. Así será hasta el próximo invierno, hasta la próxima tormenta, hasta el próximo examen que rendiremos sentados en el pupitre de siempre.