Invencibles
¿Recuerdas las rayuelas
en nuestras eternas tardes de verano,
cuando éramos tan invencibles
por no saber de límites ni fronteras?
Trepábamos árboles
para alcanzar estrellas
porque nadie nos había dicho, aún,
que estaban demasiado lejos.
¿Recuerdas cuando las Navidades
olían a canela,
cuando fuimos intrépidos astronautas
y dedicadas maestras?
Coleccionábamos estampillas
de cartas aladas.
Y los cuentos antes de dormir
jamás terminaban.
Los queridos diarios
eran confidentes
de nuestras interminables aventuras
en carruseles y en barriletes.
Todo nuestro universo
cabía en verdes parques
donde visitábamos planetas
montados en bicicletas.
¿Recuerdas cuando no había
pasado que recordar,
solo meriendas y columpios
en los que tocábamos el cielo
y, a veces, el mar?